//Jesús

Jesús

Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús (en griego antiguo: Ἰησοῦς Iesous, en arameo: ܝܫܘܥ‎ Išo, en hebreo antiguo: יְהוֹשֻׁעַ Yehošuaʕ o יֵשׁוּעַ Yešuaʕ), Cristo (en griego antiguo: Χριστός Christós, en arameo: ܡܫܝܚܐ Mʕšiha, en hebreo antiguo: מָשִׁיחַ Māšîaḥ) o Jesucristo, es la figura central del cristianismo y una de las más influyentes de la cultura occidental. Según la opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada en una lectura crítica de los textos sobre su figura, Jesús de Nazaret fue un predicador judíoEl judaísmo de Jesús no es cuestionado en la actualidad por ningún estudioso serio del Jesús histórico. Como escribe William Arnal («The cipher “judaism” in contemporary historical Jesus scholarship», en John S. KLOPPENBORG (ed.): Apocalypticism, anti-semitism and the historical Jesus, pág. 24, «no contemporary New Testament scholar contests that Jesus was a jew». Véase, por ejemplo, el libro de Joseph Klausner: Jesús de Nazaret. Barcelona: Paidós, 2006, ISBN 84-493-1834-3, quien manifiesta de manera terminante «Jesús era judío, y siguió siendo judío hasta su último aliento» (pág. 469). Con igual claridad se expresa Edward Kessler, en «Jesus the jew» (artículo en BBC.co.uk): «One of the certain facts about Jesus was that he was a Jew. He was a child of Jewish parents, brought up in a jewish home and reared among jewish traditions. Throughout his life, Jesus lived among Jews and his followers were jews». Bart D. Ehrman ha señalado que «una de las ironías del cristianismo primitivo es que Jesús mismo era un judío que veneraba al Dios de los judíos, observaba las costumbres judías, interpretaba la ley judía y tuvo discípulos judíos, que le consideraban el mesías judío» (Bart D. EHRMAN: Jesús no dijo eso. Barcelona: Ares y Mares, 2007, ISBN 978-84-8432-852-0; P. 233). Un desarrollo amplio del tema, con referencia a las investigaciones de Geza Vermes, puede encontrarse en la red: «Jesus the jew», artículo de Jonathan Went, en inglés. Los autores de la llamada tercera búsqueda del Jesús histórico han hecho especial incidencia en el judaísmo de Jesús. Véase, por ejemplo: John Dominic Crossan (Jesús, vida de un campesino judío, 1994, ISBN 84-7423-655-X; Jesús desenterrado, ISBN 84-8432-459-1); Bart Ehrman (Jesús, el profeta judío apocalíptico, 2001, ISBN 84-493-1027-X); E. P. Sanders (La figura histórica de Jesús, 2000, ISBN 84-8169-400-2); Geza Vermes (Jesús el judío: los manuscritos leídos por un historiador, 1994, ISBN 84-7669-213-7; La religión de Jesús el judío, 1996, ISBN 84-7979-201-9); J. P. Meier (Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. I, II 1-2, III. Estella: Verbo Divino, 2001 ss.), entre muchos otros. que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, y fue crucificado en Jerusalén en torno al año 30, bajo el gobierno de Poncio Pilato. Para la mayoría de las denominaciones cristianas, es el Hijo de Dios y, por extensión, la encarnación de Dios mismo. Su importancia estriba asimismo en la creencia de que, con su muerte y posterior resurrección, redimió al género humano. El judaísmo niega su divinidad, que es incompatible con su concepción de Dios. En el islam, donde se lo conoce como Isa, es considerado uno de los profetas más importantes. Lo que se conoce de Jesús depende casi exclusivamente de la tradición cristiana (aunque se le menciona en fuentes no cristianas), especialmente de la utilizada para la composición de los Evangelios sinópticos, redactados, según opinión mayoritaria, unos treinta o cuarenta años, como mínimo, después de la muerte de Jesús. La mayoría de los estudiosos considera que mediante el estudio de los Evangelios es posible reconstruir tradiciones que se remontan a contemporáneos de Jesús, aunque existen grandes discrepancias entre los investigadores en cuanto a los métodos de análisis de los textos y las conclusiones que de ellos pueden extraerse. Existe una minoría que niega la existencia histórica de Jesús de Nazaret.Aunque la mayoría de los historiadores y expertos bíblicos opina que estos datos pueden darse por ciertos, dada la concordancia de las fuentes, una minoría de estudiosos pone en tela de juicio la historicidad de Jesús de Nazaret, cuestionando los textos no cristianos existentes. Entre los autores que afirman la historicidad de Jesús se encuentran: Raymond E. Brown (La muerte del Mesías, ISBN 84-8169-485-1); John Dominic Crossan (Jesús, vida de un campesino judío, 1994, ISBN 84-7423-655-X; Jesús desenterrado, ISBN 84-8432-459-1); Bart Ehrman (Jesús, el profeta judío apocalíptico, 2001, ISBN 84-493-1027-X); Gerd Theissen y Annette Merz (El Jesús histórico, 2004, ISBN 84-301-1349-5); E. P. Sanders (La figura histórica de Jesús, 2000, ISBN 84-8169-400-2); Geza Vermes (Jesús el judío: los manuscritos leídos por un historiador, 1994, ISBN 84-7669-213-7; La religión de Jesús el judío, 1996, ISBN 84-7979-201-9); Paul Winter (El proceso a Jesús, 1983, ISBN 84-85501-50-0). La negación de la existencia de Jesús es una posición muy tardía, ya que Jesús comenzó a estudiarse como figura histórica, al margen de la religión, recién en el siglo XVIII. Los principales defensores de este punto de vista son Timothy Freke y Peter Gandy (Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana, 2000, ISBN 84-253-3450-0); Earl Doherty (El puzzle de Jesús, 2005, ISBN 84-9800-268-0) y, sobre todo, George Albert Wells (The Historical Evidence for Jesus, 1988, ISBN 0-87975-429-X); The Jesus Myth, 1998, ISBN 0-8126-9392-2). La inmensa mayoría de las enciclopedias y obras de referencia aceptan la historicidad de Jesús. Es el caso, por citar un ejemplo prestigioso, de The New Encyclopaedia Britannica (págs. 360-377, tomo 22, Chicago, 1990. ISBN 0-85229-511-1). También los defensores de la teoría de la inexistencia de Jesús reconocen que la opinión generalizada es la contraria. Según George Albert Wells, en un artículo publicado en 1999: