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Poder limitado

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En el ámbito en que las autoridades muestran una inmensa insensibilidad es en los efectos colaterales sobre la confianza para invertir en México...

En relación con el caso de la adjudicación del yacimiento Zama a Pemex, los agravantes son de mucho peso. El primero y más importante es que en la licitación inicial por ese campo Pemex ni siquiera participó con una postura.

El gobierno actual, de la autodenominada 4T, que indudablemente goza de mucho poder, parece suponer que su poder es ilimitado. El anterior es el marco de referencia para ubicar y analizar noticias recientes de bastante importancia en el frente de la política energética de la actual administración. La primera tiene que ver con la adjudicación a Pemex del yacimiento Zama, originalmente contratado para su desarrollo al consorcio multinacional Tolos y descubierto y confirmado en su potencial por esa empresa. La segunda tiene que ver con la regla emitida el pasado junio relativa a la prohibición de que empresas privadas puedan exportar o importar hidrocarburos de “un lugar distinto al autorizado”.

Con respecto a esta segunda regla, la American Chamber of Mexico (Am Cham), ya emitió un comunicado expresando en lo particular su preocupación por dicha medida ya que se contrapone “con los principios fundamentales de tratados internacionales de libre comercio, entre ellos el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)”. De manera más específica, medidas de ese tipo afectan la certidumbre en un marco regulatorio que debe ser “predecible y consistente en el tiempo”.

En relación con el caso de la adjudicación del yacimiento Zama a Pemex, los agravantes son de mucho peso. El primero y más importante es que en la licitación inicial por ese campo Pemex ni siquiera participó con una postura. A continuación, después de la adjudicación, el consorcio Tolos invirtió en el desarrollo del yacimiento desde 2017 descubriendo una de las cuencas petroleras más ricas en el país de los últimos decenios. Desde luego que el consorcio Tolos ya empezó a protestar y piensa defenderse.

Es muy posible que las autoridades de la 4T tengan conciencia de las implicaciones que conllevan enfrentarse, mediante medidas tan unilaterales e incluso arbitrarias, a las empresas en el sector de la energía no solamente de Estados Unidos, sino de Alemania y Gran Bretaña, como es el caso del consorcio Tolos.

Pero en el ámbito en el que muestran una inmensa insensibilidad es en los efectos colaterales e indirectos que desatan ese tipo de medidas como olas concéntricas sobre la confianza para invertir en México, tanto por parte de extranjeros como de connacionales. Los empresarios observan y se enteran de las experiencias que viven otros inversionistas. Ponen sus barbas a remojar y saben muy bien que México no es el único país del mundo que necesita inversiones.

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En el ámbito en que las autoridades muestran una inmensa insensibilidad es en los efectos colaterales sobre la confianza para invertir en México

En relación con el caso de la adjudicación del yacimiento Zama a Pemex, los agravantes son de mucho peso. El primero y más importante es que en la licitación inicial por ese campo Pemex ni siquiera participó con una postura.

El gobierno actual, de la autodenominada 4T, que indudablemente goza de mucho poder, parece suponer que su poder es ilimitado. El anterior es el marco de referencia para ubicar y analizar noticias recientes de bastante importancia en el frente de la política energética de la actual administración. La primera tiene que ver con la adjudicación a Pemex del yacimiento Zama, originalmente contratado para su desarrollo al consorcio multinacional Tolos y descubierto y confirmado en su potencial por esa empresa. La segunda tiene que ver con la regla emitida el pasado junio relativa a la prohibición de que empresas privadas puedan exportar o importar hidrocarburos de “un lugar distinto al autorizado”.

Con respecto a esta segunda regla, la American Chamber of Mexico (Am Cham), ya emitió un comunicado expresando en lo particular su preocupación por dicha medida ya que se contrapone “con los principios fundamentales de tratados internacionales de libre comercio, entre ellos el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)”. De manera más específica, medidas de ese tipo afectan la certidumbre en un marco regulatorio que debe ser “predecible y consistente en el tiempo”.

En relación con el caso de la adjudicación del yacimiento Zama a Pemex, los agravantes son de mucho peso. El primero y más importante es que en la licitación inicial por ese campo Pemex ni siquiera participó con una postura. A continuación, después de la adjudicación, el consorcio Tolos invirtió en el desarrollo del yacimiento desde 2017 descubriendo una de las cuencas petroleras más ricas en el país de los últimos decenios. Desde luego que el consorcio Tolos ya empezó a protestar y piensa defenderse.

Es muy posible que las autoridades de la 4T tengan conciencia de las implicaciones que conllevan enfrentarse, mediante medidas tan unilaterales e incluso arbitrarias, a las empresas en el sector de la energía no solamente de Estados Unidos, sino de Alemania y Gran Bretaña, como es el caso del consorcio Tolos.

Pero en el ámbito en el que muestran una inmensa insensibilidad es en los efectos colaterales e indirectos que desatan ese tipo de medidas como olas concéntricas sobre la confianza para invertir en México, tanto por parte de extranjeros como de connacionales. Los empresarios observan y se enteran de las experiencias que viven otros inversionistas. Ponen sus barbas a remojar y saben muy bien que México no es el único país del mundo que necesita inversiones. Lee más de este autor

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